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Julio Cortázar: Reunión con un círculo rojo

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Y sin embargo me parece que este relato es solo un juego, una exposición de virtuosismo que, como la del jugador en una banda y alejado de la portería contraria, innecesaria. Porque hay un gran acierto en la voz narradora, pero la sorpresa final es floja, tiene algo de impacto gratuito, de giro de autor de categoría inferior a la de nuestro querido Cortázar. Relato más para hacer ejercicio de dedos, ejercicio de planear solo mentalmente, supongo que está donde está porque Cortázar amaba el juego, amaba a veces el escorzo filigranero, la burla rápida, y esta vez no quiso ir más allá.

Adolfo Bioy Casares: La trama celeste

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La actualidad de este relato resulta pasmosa, tantos años después de haber sido escrito. Me fascina la sencillez de la exposición de un tema tan proclive a lo farragoso. Las explicaciones basadas en textos y pensadores clásicos casi me hace suspirar de alegría: esto es posible, es posible. Sin duda, una literatura clásica que debe mucho a la inteligencia clara y a la lucidez expresiva. Y esa pátina de cotidianeidad que lo vuelve todo más real, con ese fino humor en los nombres y lugares: exquisitez de quien planea y ejecuta limpiando, restando: maestría colosal.     Ahora, en la cadena HBO la serie más novedosa trata del tema de los mundos paralelos. Hace muchos años, Bioy dejó este relato maestro sobre el tema.

Philip K. Dick: Tiempo desarticulado

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Adolfo Bioy Casares: De los reyes futuros

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De nuevo se entrevén las influencias de Wells y Kafka en un relato de Bioy, atento siempre a las influencias y al mejor legado literario, pero la concreción del mundo es propia y la creación de personajes es inequívocamente suyo. El narrador no es un valiente desaforado y tiene un papel esencial pero no absolutamente protagónico, sino más bien de canalizador. La perfección de los detalles, de la elección de todo lo que viste al relato es magistral y en su laconismo hace destacar una fuerza innegable e imperecedera, pues el cuento se vuelve fácilmente universal y sin fecha de caducidad, así como muy entendible en cualquier época y lugar, pues opera con pocos elementos, esenciales elementos que apuntan a la transparencia y, a la vez, a una ambigüedad marca de la casa que me hacen pensar que Bioy es uno de los más grandes autores de la narrativa fantástica y de la narrativa en general. Su aparente sencillez es como un prodigio de luces móviles en una noche quieta, su apuesta por dota…

Adolfo Bioy Casares: En memoria de Paulina

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Relato absolutamente genial, de la primera a la última línea, tan perfecto que no puede sino despertar la más ardiente admiración de cualquiera que se dedique a imaginar ficciones, a engarzar fragmentos de historias para hacerlas verosímiles y legibles, es también un puro gozo para el lector que disfrutará de la posibilidad de acabar y volver al principio para degustar de nuevo, como de una maravillosa bebida o una canción absorbente, un texto esplendoroso que habla del amor y de los celos y de la pérdida y de lo sabido y lo añorado y del paso del tiempo como una cuchilla que todo lo corta. Relato que es cima de la literatura fantástica y un camino personal y único que no admite seguramente, sin riesgo de parecer estúpido o simplemente un vano copiador, el paso de un alumno (aunque en su mundo generador seguramente sí puede señalarse a autores como Kafka, Poe y Maupassant) ni de nadie que pueda continuar por este lado del develamiento de la realidad, es por sí solo tan importante …

Julio Cortázar: La noche boca arriba

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Genial relato que hace dudar de cuál es la verdadera realidad: la del sueño o la de la vigilia. Vigilia que acaso es otro sueño. Las intuiciones de Cortázar no caducan: ahora que se habla mucho de los universos paralelos, este relato vuelve a nosotros con fuerza renovada. Ya no lo veo tan claramente como un cruce de realidad y sueño, del que salieron después novelas tan inolvidables como La orilla oscura, de José María Merino. Ahora lo enfrento y me dejo envolver por él atendiendo a lo que algunos científicos apuntan, vislumbran, aún no pueden probar, y me inquieto más y pienso más. Como con todo lo que leo de Cortázar, cuanta más edad tengo, más me siento abrumado por  la sensación de que la literatura no era lo más importante para el maestro argentino. Hubo una época en que lo leíamos para sorprendernos, para gozar. Pero conforme envejecemos y más sabemos, con mayor claridad se nos impone la certeza de que Cortázar no soñaba, sino que intuía: así, este relato inquietará de nuevo…

Juan Herrezuelo: Las flores suicidas

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El título de este libro, que es también el del cuento más extenso de los cinco que contiene, proviene de una greguería de Ramón Gómez de la Serna: «Entre los carriles de las vías del tren crecen las flores suicidas». Ese largo relato cierra una suma de historias que parecen haberse reunido alrededor de la imagen del ser humano expuesto en toda su fragilidad a la locomotora cada vez más acelerada y descomunal del acontecer histórico, a veces de manera individual, a veces como grupo, a veces incluso como especie. Son relatos en los que la incontrolable propagación del miedo colectivo, el desengaño, la derrota, la dificultad para distinguir entre realidad y ficción, la angustia que provoca la pérdida de un empleo, la tenacidad de un padre, la magia de la radio o el estupor ante el alcance de los estragos medioambientales no se presentan al lector con los ropajes de la mera especulación narrativa, ni tampoco se limitan a formar parte de una única versión de lo real, pues hay en todos ello…