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Cristina Fernández Cubas: La habitación de Nona

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     No busca la autora la sorpresa que haga del relato algo redondo y brillante, pues esa es la parte más superficial de la historia, sino que nos planteemos qué es la identidad: la literatura seria y valiosa siempre va más allá de las apariencias y busca quedarse en la mente del lector superando el artificio de la letra impresa y de los giros inesperados, las soluciones poderosas y que podrían parecer vanas. Si ya el libro empieza con una frase inmortal de Albert Einstein - La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente -, lo que es un aviso de calado colosal para quien mantenga los ojos sabiamente abiertos, lo que viene a continuación, añadido por Cristina Fernández Cubas, no puede ser una añagaza sino un digno envite. A fe que lo es: la importancia de un relato -o novela, guión, lo que sea- a estas alturas no está tan solo en la validez literaria, la palabra justa o el tono conseguido, sino en ir más allá, como demandaban -en estas lides - Poe, C...

Julio Cortázar: El río

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   Relato que define muy bien el mundo de Cortázar,  El río es muy breve pero tiene mucho contenido, es un juego y es a la vez una inmersión seria en el mundo del otro lado, ese del que tanto hablaba el gran escritor argentino y al que solo podía accederse mediante los sueños y las fracturas epifánicas de la realidad, que son pocas pero están ahí, llamando poderosamente para que despertemos y observemos con otros ojos lo real. Sin principio ni final, sin nada definitivo y sin verdades que rompan en nuestra cara, el relato es un suspiro, un gemido, una ablución que limpia y arranca costras que el tiempo ha convertido en sólidas murallas aparentemente indescifrables. 

Entrevista con Edmundo Paz Soldán en El País

Dice Edmundo Paz Soldán que le interesa la ciencia ficción como alegoría de la realidad. Aquí.

Julio Cortázar: Con legítimo orgullo

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   Relato dedicado por Cortázar a K. , lo cual nos hace pensar, indudablemente, en Kafka. Podría haberlo imaginado el autor checo, sin duda, ya que esa voz que habla en plural y cuestiona sin cuestionar y afirma sin afirmar y acepta sin aceptar está emparentada con algunas voces de las novelas y cuentos del inmortal praguense. El acatamiento a las órdenes impuestas, aunque crueles, a las leyes impuestas, aunque crueles, a las costumbres aceptadas en silencio, aunque crueles, nos remite a las historias kafkianas de esos personajes que siguen adelante aunque temen mucho y entienden poco, débiles y sometidos, alucinados y temerosos pero sin fuerzas apenas para dar un paso fuera de lo marcado, de lo señalado, de lo decidido de antemano. Salir es volverse loco, es dejar de ser lo que se es -¿sirve para algo ser lo que se es cuando no se es nada?-, es quedar desnudo, roto, apartado. Cortázar se interroga y nos interroga de nuevo sobre los límites, lo que nos espera un paso má...

Julio Cortázar: En nombre de Boby

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       El método Cortázar aparece aquí pleno: el relato es pura sugerencia, puro mostrar ocultando lo esencial, pura atmósfera. Algo así como el sistema Hemingway: la mayor parte queda bajo la superficie, y solo vemos lo que puede contarse y puede verse, que en verdad no es lo esencial, no es lo decisivo. El método Cortázar exige que el lector participe, añada sus conocimientos, sus ideas, sus emociones. Si Cortázar lo contara todo, no habría magia ni más emoción que una: la que él nos indicara que deberíamos sentir, para lo que el tono, las palabras y el estilo de las frases actuarían abriendo una dirección y cerrando todas las demás.     Cabe añadir que en este relato, como en muchos otros, no hay un claro elemento fantástico, una inmersión o caída o sobrevuelo por otro mundo, otra realidad mostrada en bruto: así, Cortázar, con su método sustractivo, no miente, no inventa lo que acaso descalificaríamos de un plumazo por ingenuo, demasiado ...

Leer a Cortázar

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     Porque un día, con cuarenta y seis años, piensas que nunca has leído a Cortázar sino de una manera únicamente literaria, embrujándote con las palabras, los ritmos, las invenciones, pero acaso es el momento de leerlo como lees a Dostoievski, a Camus, a Sartre, a Sábato, a Böll, a Moravia, a Baroja, a Marsé, o sea, creyendo en lo que se te dice, atisbando en los contenidos, tras las escenas, al fondo de los pensamientos de los personajes, y acompañando a estos, siendo su cómplice y no solo un observador. Leer a Cortázar como lees a esos autores con los que meditas sobre el mundo, porque el mundo no es solo esto fácilmente visible, esta costumbre de madrugada seca y medianoche de obligado sueño, este camino de una sola vía, de una sola explicación, de una sola dimensión. No leer a Cortázar como hace años, disfrutando pero desdeñoso con esa realidad otra, distanciado porque Cortázar es para cuando tienes 20 años, porque Cortázar es juego y distracción: leer a C...

Julio Cortázar: Lugar llamado Kindberg

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   Empiezo por lo peor: el final demasiado dramático, excesivo, forzado y demasiado tirado a lo simbólico ( http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?f=5&t=40795 ), innecesario y que deja un regusto a insistencia sobrecargada, algo poco propio de Cortázar, del mejor Cortázar que sugiere y sugiere, que indica pero no subraya, no deja abierta una sola vía. Y continúo alabando la libertad creativa, la amalgama gloriosa en que los diáloogos, los pensamientos, los deseos, lo real y lo imaginado, todas las personas posibles de la narración son un buque que avanza imparable, un armazón continuo e indestructible, una sola y milagrosa cosa que es sólida y liviana a la vez, densa y maleable, dura y blanda y extensa y recogida como una caricia en un rostro amado y cercano. Cortázar buscó los límites para desafiarlos, para entregarles un grito como a un abismo y un desarrollo y una pureza intocada y lo consiguió casi siempre, pudo presumir de un acierto inigualado, de una ve...