José María Merino: La orilla oscura




Con La orilla oscura logró José María Merino una de las plasmaciones más rotundas que se han conseguido en el arte de novelar partiendo de la idea de que una novela es algo autónomo, con leyes propias y significación poliédrica y uniforme a la vez. Tocado por ese don acaso mágico que roza a unos pocos a lo largo de muchos años de lectura y escritura, dio vida a una novela sencillamente perfecta, de trama cíclica e inacabable, con tanta imaginación dentro y tanta narratividad de primera que no es osado calificarla como una de las novelas esenciales de las últimas décadas y una obra de importancia creciente e inagotable. Pues es La orilla oscura un clásico mayor de nuestras letras, una de las creaciones literarias de mayor fuste, y está preparada para sobrevivir tanto tiempo como lo haga el arte literario. La condensación de temas y el despliegue imaginativo de los mismos en asombrosas y cautivadoras historias que abren vías siempre inacabables en la novela lo atestiguan. Pocas veces se pueden leer libros tan sabios y tan profundos, tan indagadores y tan valientes como este, que está escrito además por la mano quizá más maestra de cuantas tenemos hoy manejando un lenguaje rico y sugerente, culto, preciso y nunca estirado ni exhibicionista, de frase amplia pero adaptada a la piel de la narración como un guante noble a un mano despierta. 
La trama de la novela encierra sorpresas continuas y deslumbra a cualquier tipo de lector, joven o viejo, más leído o menos leído, preparado para la aventura o para el deleite de lo puramente literario. Es la tercera vez que leo La orilla oscura, y compruebo que mantiene intactas sus cualidades de relato subyugante, de meditación palpitante sobre la identidad, y que algunas escenas ya presentidas por el recuerdo de anteriores acercamientos al texto no han perdido su valor de mito en palabras. Pues así puede considerarse, a la par que pura narración entretenida y plenamente disfrutable sin más, el encuentro de un niño con un reptil y la mirada de ambos contemplando al otro, apertura a una percepción distinta de las cosas y del tiempo, y a la asunción del otro en que desemboca el paseo de un extranjero que camina hacia una casa y una familia desconocidas y que serán las suyas en cuanto empiece a salir de su mutismo y de su estupefacción: escena que siempre he valorado como una de las más potentes y logradas de cuantas he conocido en mi vida de lector. 
De lectura fascinante, La orilla oscura se considerará sin problemas una novela fantástica, de comprensión completa imposible si no se quiere asumir que para Merino el sueño tiene igual valor que la vigilia. Insiste el autor una y otra vez en el carácter especial pero sólido de lo soñado, crea meandros que llevan a los personajes a ser ellos y otros alternativamente, incluye sonidos que alertan al durmiente para que despierte y animan al que está en la vigilia para que duerma y se entienda más cabalmente a sí mismo. Y es que lo fantástico, en manos de Merino, sirve para iluminar lo real, para convertir los recuerdos en imágenes plenas de vigor, de realismo y de magia a la vez: el mito engendra a lo real y lo real es más poderoso visto desde el punto de vista de lo mítico. En esta novela unamuniana, cortazariana, la gran pregunta es quiénes somos, para qué sirven nuestros actos pasados y futuros, para qué sirve lo que llevamos en la memoria como recuerdos. Es una tarea titánica, pero Merino la acomoda a una historia que entendemos muy bien y que seguimos con deleite mientras nos adentramos en cuestiones que sólo mediante este tipo de narrativa logran situarse en un punto aislado de lo temporal y arrastrar plácidamente al lector a ese mismo espacio, de tal manera que el lector sueña con el texto mientras lee y se siente en la vigilia al final de cada capítulo, para volver a soñar en cuanto bucea de nuevo en las siguientes líneas. Con la impronta de los grandes relatos clásicos, de las fábulas inolvidables y que señalan un hito, como La vida es sueño, de Calderón; Niebla, de Unamuno; el cuento La noche bocarriba, de Cortázar; los cuentos de Las mil y una noches, que están en la base de esta novela grandiosa, La orilla oscura es una obra única y una celebración festiva y altamente contagiosa del placer de la lectura. 

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